lunes, 1 de diciembre de 2008

SI PERMANECEN EN JESÚS

Juan 15:1-12 [Juan 15:4]


Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

La cosecha de uvas es una de las actividades más antiguas de los hombres, es contemporánea al cultivo y a la cría de ganado, para los Israelitas su principal comida era el pan y carne de corderos, y su principal bebida era el vino hecho de la uva, Israel conocía bien la actividad de cosechar los frutos de los viñedos, era una de las tierras más fructíferas para esta actividad.

En esta palabra Jesús enseña sobre la correcta relación entre Dios y Jesús, entre Jesús y los hombres y entre los hombres y los frutos espirituales, a través de esta palabra Jesús siembra correctamente en el interior de los discípulos la fe y la esperanza en Dios y en Jesucristo la vid verdadera.

Jesús dijo “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. (1) y vosotros los pámpanos (5a)” de esta manera la relación entre el labrador, la vid y los pámpanos son las relaciones inseparables, los pámpanos que permanecen en la vid son los que llevan los frutos hermosos; en cambio, los que están separados de la vid, se marchitan secándose poco a poco hasta morir.

Oro para que a través de esta palabra nuestra esperanza y nuestra fe estén correctamente en la vid verdadera que es Cristo Jesús, y para que cada uno de nosotros seamos los pámpanos unidos a Jesús que llevan los frutos abundantes y hermosos delante de Dios.

Primera parte: Jesús la vid verdadera (1-3)

Miren el versículo 1: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Jesús se declara a sí mismo como “la vid verdadera” Esta metáfora de Jesús, sonaría familiar a los discípulos, los viñedos eran muy comunes en esa región y ellos habrían escuchado de esta actividad.

Pero, ¿por qué la vid verdadera? En el antiguo testamento generalmente se comparaba la relación de Dios e Israel, como la relación entre el Labrador y el viñedo. En Isaías 5:7 dice: Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Dios sembró a Israel en una tierra preparada, sacó a ese pueblo de Egipto y le preparó el lugar perfecto para ver los frutos grandes y agradables a Dios (sal 80:8), Dios esperaba ver en ese pueblo escogido la Justicia y la rectitud, pero el corazón de Israel se contaminó con la idolatría, en su corazón guardó queja contra Dios; Israel no pudo crecer como la vid porque en su interior había pecado.

El pueblo de Israel no podría ser la vid verdadera que bendijera al mundo. Sin embargo Dios le dio la esperanza de ver cumplida la promesa. En Isaías 11:9 dice: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Cuando Jesús se llama a sí mismo la vid verdadera, quiere decir que a través de él se cumplirá el verdadero propósito de Dios en el mundo, en Jesús, el hombre encontró el verdadero camino a Dios. Solo a través de Jesús los hombres podemos ser perdonados de nuestros sucios pecados, en Jesús, nuestras vidas pueden ser sanadas. De esta manera Jesús es la vid verdadera que Bendice al mundo, llevando los verdaderos frutos agradables a Dios.

En el versículo 1 Jesús se refiere al Padre como el Labrador, de hecho el Padre es el dueño y soberano gobernante de la viña, quien cuida el ambiente para que ésta de los frutos abundantes y agradables; a diferencia de muchas otras plantas el viñedo no tiene flores bonitas que servirían para adornar nuestras casas, ni con su madera podemos hacer fogatas o usarla como combustibles, el único propósito de plantar y mantener un viñedo es para obtener los frutos abundantes.

Miren el versículo 2a. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará…” El cuidado que un viñedo necesita antes de ver un solo fruto es de tres años, y el pámpano que fue muy fructífero en un año, no vuelve a dar frutos al siguiente año, el labrador entonces poda la vid dejando solo los pámpanos nuevos que llevan frutos, los cuales, se nutren perfectamente de la vid, creciendo grandes frutos abundantes. Es por eso que la actividad esencial y principal del labrador es podar la vid, sin esta actividad es imposible ver un solo fruto.

Jesús ciertamente amó a Judas Iscariote hasta el fin, sin embargo en el corazón del discípulo estaba arraigado el pecado y en él no había arrepentimiento, con ese corazón duro, escucho la voz de Satanás y vendió a Jesús por treinta piezas de oro. La mano soberana de Dios retiró este pámpano infructífero. De esta manera el corazón contaminado no se extendería a los demás pámpanos y estos darían los frutos agradables.

Ésta puede sonar como una palabra dura y muy áspera, sin embargo es necesario cuidar la obra y el correcto crecimiento de los frutos espirituales, Dios nos llamó a través de su palabra para ser los pámpanos que den frutos, nuestro interior también está formado por pámpanos, y muchos de ellos no llevan frutos agradables a Dios, en nuestro interior también está el pámpano de nuestra propia idea, el de nuestro deseo de comodidad, el de justicia propia, y ciertamente duele arrancar cada uno de ellos, cuando mi interior más se esfuerza en conservar estos pámpanos, propia justicia, comodidad y propia idea, comienzo a endurecer mi corazón, mi interior cuestiona la voluntad de Dios, y su amor. De esta manera se comienza a contaminar todo mi interior, y aunque tengo el deseo verdadero de hacer la obra de Dios, es imposible llevar frutos a Dios.

Comprendo la necesidad de buscar en mi interior esos aspectos que solo contaminan mi relación con Jesús, aunque produzca dolor, esos pámpanos tienen que ser retirados, solo de esta manera, se puede tener la relación correcta con Jesús la vid verdadera.

En el versículo 2b y 3 Jesús dice: y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. En este versículo la palabra “limpios” viene de la misma palabra Griega que traducida es “podar”. Los discípulos ya estaban limpios gracias a que ellos habían escuchado la palabra de Dios. La palabra de Dios es la que poda nuestros corazones, en hebreos 4:12 dice: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. De esta manera Dios no solo es el Dios de Juicio, sino que es el Señor que administra la obra, quitando las impurezas que solo dañan a los demás pámpanos, su mano soberana cuida el correcto crecimiento de los frutos espirituales.

Jesús limpió el corazón de los discípulos, sanándolos del egoísmo, del fatalismo y del miedo a la muerte, y de muchos aspectos que estorbaban en el fortalecimiento de su interior, el método que Jesús uso para crecer a los discípulos firmes, era predicándoles la palabra de Dios y con disciplina para su correcto crecimiento. Con la palabra de Dios, Jesús podó las impurezas en el corazón de los discípulos, el les fortalecía para poder dar frutos espirituales abundantes.

Ciertamente no es nada fácil recibir entrenamiento por Dios; Personalmente cuando algún líder me da una dirección concreta, al recibirla mi cara no tiene una “sonrisota” como ésta…, en lugar de eso me pongo colorado y me da un poco de vergüenza. Sin embargo ese entrenamiento es necesario para nuestra vida de fe; hebreos 12:11 nos lo explica claramente: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” El amor de Dios disciplina el interior de los hombres, la palabra me da la dirección correcta y concreta para mi vida, casi siempre en mi interior está mi propia idea, que quiere llevar mi vida por los caminos que se ven fáciles de andar y sin tanto esfuerzo, pero esa propia idea es la estorba en el correcto crecimiento espiritual, a través de la palabra, Dios disciplina mi interior, y aunque esa disciplina no trae al principio precisamente gozo, reconozco que es necesaria para mi vida, todo crecimiento lleva consigo esfuerzo y dolor, pero al final después de ser ejercitado, se pueden ver los frutos grandes y estos frutos producen el gran gozo verdadero.

Cada uno de nosotros también fuimos llamados por Jesús para ser sus discípulos, y Dios está podando nuestro corazón cuando recibimos la palabra en el estudio de la Biblia, en el culto de Domingo, poda nuestro corazón cuando escribimos el sogam sincero delante de Dios, y cuando meditamos el pan diario, de esta manera sabemos que Dios tiene una gran visión para nuestra vidas, quiere limpiar nuestro corazón, con su palabra y disciplina, para ser de los Pámpanos que dan los frutos abundantes y agradables a Él.

Entonces, ¿cómo podemos ser los pámpanos limpios y llevar muchos frutos? David también se había hecho la misma pregunta, diciendo: “¿Con qué limpiará el joven su camino?” y luego, él mismo respondió: “Con guardar tu palabra.” (Sal 119:9) Jesús dice a sus discípulos (miren el versículo 3): “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” Si nosotros fijamos nuestros ojos a la palabra con profunda atención, aplicamos su palabra en nuestra vida práctica arrepintiéndonos de nuestros pecados, podemos vivir una vida limpia. Debemos saber que ninguna otra cosa puede limpiarnos de nuestros sucios pecados, sino es la palabra de Dios y nuestro verdadero arrepentimiento, solo así podemos arrancar de nuestro corazón esos pecados que estorban en nuestro crecimiento espiritual.

Oro para que cada día, Dios nos de la dirección concreta para nuestras vidas a través de la palabra, y en nosotros surja el verdadero arrepentimiento y con este entrenamiento espiritual nuestro interior este limpio y preparado para llevar a Dios los frutos desde la universidad de Guadalajara.

Segunda parte: El secreto de dar frutos (4-12)

Los discípulos ya estaban limpios por la palabra de Dios, entonces ¿qué deberían de hacer para dar los frutos? Miren el versículo 4a: “Permaneced en mi, y yo en vosotros”, Permanecer continuamente en Cristo, es esencial para el crecimiento y para dar los frutos espirituales. Una vida de fe firme e influyente, no es el resultado de un fervor entusiasta de un solo día, si no que es el resultado de permanecer y depender completamente en Cristo. Permanecer en Cristo significa que el alma diariamente debe de estar en constante comunión con Jesucristo y debe vivir la vida en Cristo; Gálatas 2:20a dice: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. De esta manera, permanecer en Cristo es ser partícipe de los padecimientos del cordero de Dios, es estar crucificado juntamente con Cristo y reconocer cada día el amor de Jesús que entregó su vida pagando el pecado del hombre. Siguiendo fielmente esta palabra no solo permanecemos en Jesús, sino que él permanece en cada uno de nosotros.

Miren el versículo 4 y vamos a leerlo juntos: Permaneced en mi, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. El pámpano por sí solo no lleva frutos, ni siquiera los frutos pequeños y despreciables, en cambio, solo se seca poco a poco hasta morir.

Los hombres en su corazón llegan a tener buenos propósitos, en su interior está el deseo de hacer las cosas buenas, y ellos se esfuerzan por hacer la bondad, sin embargo si el corazón de los hombres no tiene la verdadera intención de hacer estas cosas permaneciendo en Jesús, ese gran esfuerzo del hombre no sirve de nada, ya que ni siquiera puede dar los frutos pequeños.

Entonces cual era ese secreto para poder dar los frutos espirituales, vamos a leer el versículo 5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Para aceptar concretamente este versículo en nuestro corazón, éste tiene que estar quebrantado y con humildad delante de Dios, con este versículo sabemos que separados de Jesús nada podemos hacer, esto significa que el hombre tiene una dependencia total en Jesús y en Dios, separados de Jesús solo podemos morir eternamente, ya que la muerte es la paga del pecado. Siendo nosotros los pámpanos y Jesús la vid verdadera, la única forma en que podemos vivir verdaderamente y llevar los frutos, es permaneciendo en Jesús.

Jesús compartió este secreto con los discípulos, ya que ellos no estaban permaneciendo correctamente en Jesús, cuando Jesús les dice que él se iría al lugar donde los discípulos no podían ir; ellos dudaron del amor verdadero de Jesús, en su corazón tenían duda sobre el futuro de su vida; cuando ellos dudaban del amor de Jesús, solo estaban permaneciendo en los pensamientos humanos sembrados por Satanás, pero a estos discípulos Jesús dice que el único secreto para dar los frutos, era permanecer en Jesús.

Pero ¿Cómo puedo permanecer y estar juntamente con Jesús? Los discípulos vivían, comían y dormían, con Jesús ellos estaban físicamente con Jesús, pero ahora nosotros podemos estar unidos y permanecer en Jesús a través de su palabra. Cuando Jesús nos invita a estudiar la biblia, el quiere que permanezcamos en Jesús, cuando escribimos el sogam profundo y desde nuestro corazón estamos permaneciendo en Jesús, cuando meditamos la palabra a través del pan diario cada día, nuestra relación está unida a Jesús, cuando derramamos nuestro espíritu en oración y cuando la palabra hace movimiento de arrepentimiento en nuestro corazón, estamos unidos fuertemente a Jesús. Cuando aun a pesar de la tribulación y de la persecución amamos y seguimos a Jesús con todo nuestro corazón, nuestra vida permanece en Jesús.

Al igual que a estos hombres, Jesús nos llamó para ser sus discípulos, los discípulos que sirvieron la obra llegaron a ser grandes pastores y padres de fe para todos los hombres del mundo, sin embargo al ser escogidos ellos no eran personas excelentes, sino que ellos crecieron y dieron los grandes frutos espirituales, solo hasta que permanecieron verdaderamente en Jesús, ¿cómo podemos ser también los buenos discípulos? En Juan 8:31 Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos…” Ese es el verdadero secreto para crecer y ser los pámpanos que den los frutos agrádales a Dios, miren los versículos 7 y 8. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” Cuando las palabras de Jesús permanecen en nuestro corazón, Dios hace cambios en nuestra vida, el nos da una visión clara y verdadera, cambia nuestro sistema del valor y ahora no vivimos nuestra propia vida, sino que vivimos la vida en Cristo. Nos permite hacer su obra en la tierra y usa nuestras vidas para dar los frutos agradables a Dios.

Mi Nombre es Pastor José de Jesús, y al igual que a muchos de ustedes conocí a Cristo en la universidad cuando fui invitado a estudiar la Biblia, mi vida siempre había sido muy pequeña e insignificante; desde niño, en mi interior había complejo de inferioridad, era un niño miedoso, muy tímido, y que ni siquiera se atrevía a hablar en público. Era el típico niño preferido por los grandulones para ser blanco de las burlas.

Quería llamar la atención sacando las buenas calificaciones y esto hacia que mis papas se sintieran orgullos de mí, y esto me hacía sentir muy bien, entonces se volvió una obsesión para mi, siempre quería ser el mejor de la escuela, el mejor de la clase, el mejor de los nietos y sobre todo el mejor de los hijos de la familia Rosas Núñez, esto hizo que mi interior creciera la vanagloria, aunque la sabia esconder muy bien detrás de la máscara del mejor hijo, el que nunca rompía un plato.

Hasta antes de la universidad estaba acostumbrado a obtener lo que quería, sacaba las calificaciones que quería, estaba con el tipo de amigos que yo quería, y esto me hacía sentir muy bien. Sin embargo en la universidad supe que no todo sería fácil para siempre, en la universidad me tope con retos grandes en las materias que solo me hicieron sentir fracasado, ya que no podía obtener las buenas calificaciones. Aun no reprobé más de dos materias en toda la carrera, mis calificaciones no eran excelentes.

Con ese sentimiento de fracaso, buscaba algo más interesante para mi vida, como los amigos que mi invitaran a fiestas o las amigas bonitas que no buscaran compromisos de noviazgos, mi interior se contaminaba en cada momento y me estaba alejando de Dios.

Lejos de Dios mi vida se hizo miserable, comencé a morir poco a poco, mi corazón estaba endurecido y seco. No quería seguir estudiando, y estaba hundido en una relación enfermiza con una compañera de la universidad.

La situación en mi familia no era la mejor, yo solo me esforzaba por pasar todo el tiempo alejado de ellos. En ese momento olvide a Dios por completo. Cuando me esforcé por obtener todo solo con mis fuerzas fracase.

En la universidad conocí una de mis compañeras, al principio era un tanto extraña, pero después de un tiempo la observe muy cambiada, ella me comento que estaba estudiando la biblia, y que ahora sentía mucho gozo en su corazón. La verdad era sorprendente el cambio que se podía observar en su interior, y eso me llamó mucho la atención. Orión me invitó a un culto de Domingo, ella aun era oveja, pero el cambio en su interior y su gozo se podían observar claramente, Dios le había dado estos frutos espirituales y eso a mí me llamo mucho la atención, por eso decidí ir al culto de Domingo.

Estudiando la biblia con mi pastor Dios me dio, primero el gozo en mi corazón, y me Dios el propósito verdadero de mi vida que era servir a Dios, me gustaba mucho la palabra que hablaba sobre el perdón y sobre la sanación, pero mi corazón no quería aceptar la palabra que hablaba sobre el arrepentimiento de los pecados. En muchas ocasiones le llegue a decir al pastor que yo no tenía ni un pecado, por eso nunca mostraba arrepentimiento en mi corazón.

AL seguir estudiando la biblia supe que era necesario mostrar tal cual era en mi interior, el sogam donde me arrepentí de mi pecado de adulterio y fornicación, fue uno de los sogam que mas trabajo me costó. Sin embargo Dios me permitió sentirme sanado y con la verdadera paz en mi criazón.

Dios me estableció como pastor, y me dio la dirección de crecer a los discípulos de Cristo llevándoles el evangelio. Mi vida aun dependía de mis fuerzas, para poder llevar los frutos a Dios, aunque me esforzaba, el esfuerzo solo estaba basado en mi propia idea, en mi lógica humana, y en mis propias fuerzas, mi vida no estaba permaneciendo en Jesús, de esta manera paso mucho tiempo y no veía los frutos para Dios desde los campus, paso mucho tiempo y nunca pude tener una oveja fiel.

Uno de mis títulos de oración era que toda mi familia aceptara a Cristo en su corazón, me esforzaba mucho por invitarlos a cultos de navidad, a algunas academias, a las presentaciones de la orquesta, pero nunca me aceptaban la invitación, a través de la palabra supe que ningún esfuerzo por grande que este fuera sin no estaba basado en Cristo, no daría frutos espirituales.

Mi pastor me comento que solo dependiera en Dios para mi situación familiar, entonces ore cada día fielmente con el titulo de oración para que mi familia creyera en Cristo con todo su corazón. No sé qué cambio mi familia vio en mi que copo a poco, tuvieron deseo y mucho interés en ese UBF del que yo hablaba, mucho más rápido de lo que yo esperaba comenzaron a asistir a los cultos de domingo, cada vez más fielmente, después a las conferencias, y por último al estudio de la biblia con sus pastores.

Dios me permitió ver los frutos grandes, a través de mi familia, en la estableció como una familia de pastores, Dios me dio el gozo, a través de la bendición abundante en mi familia, cuando solo dependí y permanecí fielmente en Jesús a través de la oración, el respondió mi oración.

Oro para que Dios me permita entregarle los grandes frutos espirituales desde la universidad de Guadalajara, creciendo a los discípulos de Cristo, Dios me dio la tierra para sembrar la palabra de Dios, oro para que desde el Cuaad, puede crecer a los jóvenes llevándoles la palabra, oro para que Dios crezca a los universitarios como grandes lideres espirituales firmes para los 233 países del mundo desde la universidad de Guadalajara. A través de esta palabra Dios me dio el secreto para lograr esos frutos espirituales, mi vida debe de ser el pámpano que permanezca en Jesús, y se alimente de la vid verdadera.

En esta academia Dios nos dio su palabra con la cual sana nuestro corazón, aprendimos de la gran bendición que recibimos al ser llamados por Jesús, y nos llenamos de gozo al recordar nuestro encuentro personal con Cristo; también la palabra de Dios nos hizo confesar cada uno de nuestros pecados en nuestro interior, y nos dio el gozo de compartir, cuan grandes cosas había hecho Dios con nosotros; La palabra nos mostró el gran amor de Jesús que perdonó nuestros pecados entregando su vida en la cruz; este día Dios quiere que crezcamos como los pámpanos que lleven los frutos agradables a Dios siendo los líderes influyentes que lleven la palabra a todas partes del mundo.

Dios sabe nuestro verdadero deseo de llevar los grandes frutos espirituales, Nuestro deseo es predicar la palabra en los 33 países de Latinoamérica y los 233 países del mundo, queremos llevar la palabra a todos los campus de la universidad de Guadalajara creciendo a los discípulos de Cristo, para que México sea la nación de sacerdotes y gente santa. En esta palabra Dios nos dio el secreto para poder cumplir cada uno de estos frutos espirituales, venciendo las persecuciones y obteniendo la victoria. Ese secreto es Permanecer unidos a Jesús quien es la vid verdadera. Oro para que cada uno de nosotros seamos los pámpanos que permanecen verdaderamente en Jesús, de esta manera desde la universidad de Guadalajara sean cosechados los grandes frutos espirituales abundantes. Amen.

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